
La autoestima no es solo «quererse a uno mismo», es el pilar fundamental sobre el que construimos nuestra vida, nuestras relaciones y nuestras decisiones. Cuando nuestra valoración personal es baja, todo lo demás parece tambalearse.
¿Qué es realmente la autoestima?
Es la percepción evaluativa que tenemos de nosotros mismos. En terapia, trabajamos para que esa percepción sea realista, amable y constructiva. No se trata de ignorar nuestros defectos, sino de aceptarlos y potenciar nuestras virtudes.
Terapias eficaces para mejorar la autoestima
Existen diferentes enfoques terapéuticos que nos ayudan a reconstruir nuestra autoimagen desde diferentes ángulos:
- Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): Consiste en identificar los pensamientos automáticos negativos y las creencias irracionales que nos hacen sentir inferiores. El terapeuta te ayuda a cuestionar estas ideas y sustituirlas por otras más objetivas y saludables, cambiando también las conductas de evitación que refuerzan la baja autoestima.
- Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): En lugar de luchar contra los pensamientos de «no valgo nada», esta terapia enseña a observarlos como simples palabras o imágenes mentales sin dejar que dominen nuestras acciones. El foco se pone en actuar según nuestros valores personales, independientemente de lo que diga nuestra «voz crítica».
- Mindfulness (Atención Plena): Se basa en entrenar la mente para estar en el aquí y el ahora con una actitud de no juicio. Para la autoestima, es clave porque nos permite detectar cuándo nos estamos castigando mentalmente y nos ayuda a tratarnos con mayor autocompasión y amabilidad.
Si sientes que tu autoestima te está limitando, recuerda que es algo que se puede entrenar y mejorar con el acompañamiento profesional adecuadoPara ayudar a un hijo con baja autoestima, debes validar sus emociones, evitar comparaciones y elogiar su esfuerzo, no sus resultados. Fomenta su autonomía dándole pequeñas responsabilidades, sé un modelo de diálogo interno positivo y bríndale amor incondicional para que se sienta seguro de sí mismo
Acciones concretas para el día a día
Cuida tu propio diálogo: Los hijos imitan. Evita ser excesivamente autocrítico con tu propio cuerpo, tus errores o tus fracasos en voz alta.
Valida sus sentimientos: Escúchalo sin juzgar. Si algo le frustra o le da miedo, hazle saber que es normal sentirse así, pero acompáñalo a buscar soluciones en lugar de resolverle todo.
Celebra el esfuerzo, no el resultado: En lugar de decirle «qué inteligente eres», elogia la perseverancia diciendo «estoy muy orgulloso de lo duro que trabajaste en este proyecto»
Evita las comparaciones: Jamás lo compares con hermanos, primos o amigos. Cada persona tiene sus propios tiempos, talentos y ritmos de aprendizaje.
Fomenta su autonomía: Permítele tomar decisiones adecuadas para su edad (elegir su ropa, organizar su tiempo libre) y asígnalas responsabilidades en el hogar para que se sienta capaz y útil.
Corrige desde el respeto y no desde el reproche: Si comete un error, critica la acción o el comportamiento específico, pero nunca ataques su persona (por ejemplo: «hiciste esto mal» en vez de «eres un torpe»)
